Trayectoria
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Pocos años después de cumplida la mitad del siglo XX, en1958, la comunista Alcira de la Peña y la socialista Josefina Marpons feminizan la representación municipal de la Capital Federal: por primera vez mujeres ocupan una banca en el Concejo Deliberante.

Pioneras en el quehacer político, lo son asimismo cuando acceden a un cargo representativo antes de que, por la Ley de Cupos, existiera la necesidad de que mujeres integraran en un porcentaje obligatorio las listas de candidatos a las elecciones de los partidos políticos.

El binomio, que representa a diferentes partidos, expresa la preocupación que a éstos les merecía la participación de las mujeres. Sin que ello quiera decir que ellas hubieran superado en el orden interno o en el de sus representaciones todos los obstáculos que se siguen alzando en su camino.

Es también de avanzada, por su condición de género, la profesión de médica cirujana que Alcira eligió, especialidad a la que las mujeres tienen -y sobre todo tenían- muy poco acceso.

De ahí que, en cumplimiento de la Ley 544/01 de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, mención “Mujeres Destacadas del Siglo Veinte”, que se otorga por única vez a mujeres fallecidas, figurara Alcira de la Peña. De acuerdo con la propuesta hecha en la audiencia pública que con tal motivo tuvo lugar el 11 de julio de 1901, se integró a dicha nómina a las desaparecidas por la dictadura militar.
 
La mención ”Mujeres destacadas del Siglo Veinte” abarca desde mujeres políticas hasta las que tuvieron importante actuación en diversas ramas del arte; las precursoras de las luchas por los derechos “femeninos”; sindicalistas, educadoras, científicas, periodistas y líderes políticas y sociales como Eva Perón, nominada en varias propuestas. Alcira de la Peña fue presentada, en nombre del Partido Comunista, por Fanny Edelman.

Alcira de la Peña comenzó muy joven su militancia política, en el movimiento estudiantil. Era la década del 30, época de graves atentados a las libertades públicas, de represión y persecución política. Alcira empieza llevando paquetes a los presos políticos, y pasa luego a ocupar la Secretaría del Socorro Rojo Internacional; en 1937 integra el grupo de políticos que funda la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, y medio siglo más tarde, en 1975, será cofundadora de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Excluida por su militancia de la Universidad Nacional de Buenos Aires, obtiene su título de médica cirujana en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Córdoba, provincia a la que se ha trasladado con motivo de la salud de su compañero. No ha abandonado su actividad política, y allí mismo, en 1943, es detenida.

Recobra su libertad, pero es cae presa nuevamente y es deportada -junto con diez presos políticos más, la única mujer- a Buenos Aires, bajo libertad vigilada. Al año siguiente, 1944, es encarcelada en La Plata, donde pasa quince días en el conocido entonces por tenebroso sótano del Departamento de Policía, que se reserva a los prisioneros políticos. De allí la trasladan a la Cárcel Correccional de Mujeres de esta Capital, donde pasa seis meses.

La cárcel formará parte de su vida. En 1947 es nuevamente arrestada; lo mismo en 1949, en Entre Ríos; luego en Chile, al bajar de un avión que la trae de Europa. Debe optar por la vida ilegal, clandestina. Ella misma lo dice: “Coartada la posibilidad de ejercer su profesión de médica, decide dedicarse de lleno a la lucha revolucionaria desde las filas del PC” (autobiografía escrita en tercera persona).

A partir de 1945, y desde la Comisión Femenina del Partido Comunista, empeña sus mejores esfuerzos en la lucha de las mujeres por sus derechos.

Es entonces cuando participa como candidata en las lides electorales. En 1951 integra la fórmula presidencial Rodolfo Ghioldi- Alcira de la Peña. Es el año que Eva Perón renuncia a su postulación como vicepresidenta. Se convierte así en la única candidata para ese cargo, para el que se la postulará también en 1954.

En 1958 encabeza la lista de candidatos a concejales de la Capital Federal por el Partido Comunista, acompañada por Luis Fiori. Ambos son electos. Ejerce su cargo por dos períodos, hasta 1962.

Ella misma habla del horizonte que le dio a su banca de concejala. “Venciendo la reaccionaria teoría de que las cuestiones políticas no pueden ser tratadas en el Concejo, sino las puramente administrativas, presentó en reiteradas ocasiones proyectos reclamando la libertad de los presos políticos y gremiales y contra las leyes represivas, logrando su constante lucha en el Concejo y la activa movilización popular que en varias oportunidades el Concejo aprobara declaraciones reclamando la libertad de los presos”.

Otro, entre varios, es el problema del alza de los precios -carestía de la vida-, que relaciona con la estructura económica del país, en especial con el agro, y eleva al Congreso de la Nación un proyecto de reforma agraria.

Cerrado el Concejo Deliberante en 1962 por el gobierno de facto surgido del golpe de Estado, Alcira se incorpora, en representación del país, a la redacción de la Revista Internacional , con sede en Praga.

Alteramos el orden cronológico de su biografía para sólo mencionar algunos de sus aportes internacionalistas: al “Movimiento de solidaridad con la República Española” y, enseguida, en apoyo a los países en lucha contra el fascismo en la 2ª. Guerra Mundial; mucho más tarde, en la solidaridad con Chile, cuando es derrocado el presidente Salvador Allende.

Alcira de la Peña nació en Buenos Aires en 1910 y falleció en esta misma ciudad el 15 de marzo de 1998. Su salud muy quebrantada le impedía la actividad política diaria: los últimos años de su vida, con la pasión con la que hizo cuanto se propuso, se dedicó al estudio del espacio exterior del planeta Tierra. Desde que en 1961 -contaba- el primer hombre, Iuri Gagarin, se paseó por el espacio cósmico y regresó a nuestro planeta, la astronomía despertó su interés.

En 1994 aparece su libro El Cosmos , precedido, a modo de prólogo, por la historia de las búsquedas de la ciencia desde la remota antigüedad, de la relación de la ciencia con la vida social. Termina con un extenso pasaje de una carta de Albert Einstein a Sigmund Freud (1932) con una frase del “considerado padre de la bomba atómica”: “¿Existe un medio de liberar a los hombres de la maldición de la guerra?” (Ed. Huarmi, Buenos Aires 1994).

Cedemos a la tentación de mencionarlo, ante la realidad de la guerra en el Medio Oriente, de la ciencia y la técnica puestas al servicio de la muerte, precisamente en la geografía asiento del legado fuente de la sabiduría lograda por el género humano a través de milenios. El libro de Alcira de la Peña no es neutral ni apolítico, apuesta al futuro. La ciencia no puede estar al servicio de la guerra.

La condición de la mujer, su brega por la superación del papel subordinado que la sociedad a ella le asigna se expresan en la revista que fundó y dirigió, Mujeres Argentinas (l946-1948), en el folleto Las mujeres debemos votar ahora ( l946), La mujer y su liberación, Diferencia entre los derechos formales y los efectivos de la mujer . Ello se completa con otros títulos, con la colaboración en publicaciones diversas.

Es su vida, en síntesis, una herencia que reivindicamos, que revaloriza la memoria de mujeres con historia, que son historia.

(Por Clara del Franco)