Su vida
PDF Imprimir E-mail

Evocar la vida y la obra de Alcira de la Peña es mucho más que un acto de justicia, es un imperativo de la memoria histórica que acude al pasado para iluminar el presente con la mirada puesta en el futuro, para "mirar hacia adelante", como nos proponía Héctor P. Agosti. Protagonista por más de sesenta años de las luchas populares y el combate por la revolución en nuestro país, la vida de Alcira -como un enorme espejo- muestra las imágenes de todo un período; imágenes en las que se condensan la inteligencia y la energía de los luchadores, la pasión, el coraje y la voluntad de cambio, los aciertos y los errores que -como no podía ser de otra manera -componen la historia reciente de los revolucionarios argentinos.

Quisiéramos evitar que el cariño profundo que Alcira supo despertar en quienes la conocimos nos lleve a un discurso apologético que ella hubiera rechazado con firmeza. Pero, a la vez, entendemos que su importante contribución a la causa que abrazó desde su juventud debe ser conocida y reconocida por la nuevas camadas de militantes. Por eso este trabajo -enriquecido con el testimonio de compañeros que compartieron con Alcira tareas y sueños- intenta reflejar los principales rasgos de su personalidad y sus principales aportes.

Nacida en la ciudad de Buenos Aires el 8 de noviembre de 1910, desde chica destaca su afición por la lectura; es muy buena alumna, tanto en la escuela primaria como en la secundaria. Con su abuela de origen francés estudia esa lengua que más adelante perfeccionaría en la Alianza Francesa. En largos días de encarcelamiento estudia también el alemán y el ruso. Su amor por la música la lleva a graduarse como profesora de piano. Más adelante decide ingresar a la Escuela de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, pero la precaria situación económica de sus padres la obliga a trabajar duramente para costearse los estudios. Entonces es durante un tiempo obrera del tabaco, después enfermera, más tarde correctora de pruebas, ganando apenas lo indispensable para vivir. Como ella misma recuerda (1), en esos años, con su compañero Julio -que enfermó gravemente y murió muy joven- llegaron a pasar hambre. Pero, a pesar de todo no deja de estudiar y cursa regularmente los tres primeros años de Medicina sin tener ni un solo aplazo. En la facultad comienza también la militancia revolucionaria que será para siempre parte sustancial de su vida. En 1931 se afilia al Partido Comunista. Y comparte el estudio con la actividad política en el partido y en la agrupación estudiantil Insurrexit (2).

(Por Rina Bertaccini)

(1) Alcira de la Peña: Relato autobiográfico no publicado.

(2) Insurrexit: Con este nombre, existieron en realidad dos agrupaciones estudiantiles lideradas por jóvenes comunistas. Así lo hace notar, cuando lo consultamos, Alfredo "Rulo" Dratman. La primera fue formada en Buenos Aires alrededor de 1918 -inmediatamente después de las histórica jornadas de la Reforma Universitaria- por estudiantes que debatían con obreros y cualquier público asistente, los problemas sociales.(Cf., Paulino González alberdi, "Los comunistas y la Reforma Universitaria", Edit. Reforma, 1954, págs. 7 y 9). Después, en setiembre de 1931, se constituye el segundo grupo Insurrexit, heredero del anterior, que centra su acción en la propaganda y la polémica entre los estudiantes desde enfoques marxistas. Un punto fundamental de la postura de los revolucionarios en el movimiento estudiantil se refiere, por entonces, a "la conciencia más segura de que la transformación de la universidad será ilusoria mientras no se modifiquen parejamente las condiciones de la sociedad". En dicha conciencia -sostiene Héctor P. Agosti "no fue insignificante la labor cumplida por Insurrexit, sobre cyos errOres propios se acumularon otros provenientes de los enfoques teóricos que por tales épocas mantenía el movimiento comunista internacional" (Cf., H.P.Agosti, Prólogo a las obras Completas de Aníbal Ponce, pág. 82) .

Agregando otro elemento de valoración sobre el papel de Insurrexit, Agosti agrega la opinión de dos estudiosos ajenos al marxismo, Alberto Ciria y Horacio Sanguinetti, quienes sostienen que "pese a su evidente sectarismo, puede afirmarse que la crítica 'insurrecta' no fue estéril, pues curó definitivamente a los estudiantes de sus veleidades mesiánicas, invitándoles a asumir, frente a otros grupos sociales, una posición más modesta, pero acaso más efectiva en la tarea común de liberación". En otro trabajo estos autores refieren que en el segundo Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios, realizado en Buenos Aires del 13 al 18 de agosto de 1932, "tomó cuerpo la disidencia en 10 que era el pensamiento general reformista", a través de la acción de "un grupo muy bien preparado intelectualmente -aunque minoritario- que postuló fórmulas extremas" desdeñando las reivindicaciones inmediatas. Ese grupo, creado en 1931 y que acabaría de existir en 1935, era Insurrexit. (Cf., Ciria y Sanguinetti, La Reforma Universitaria, Centro Editor, pág. 83). 



 
Se permite la copia textual y distribución de los artículos en su totalidad a través de cualquier medio, siempre que no tenga fines comerciales, mencionando la fuente y

autor@s

Fuente: Cátedra Libre de Género y Clase “Alcira de la Peña”

Página Web: www.mujergeneroyclase.com.ar