| Violencia de género Narrativa eterna del dominio patriarcal sobre la mujer Para situar el tema de la Violencia de Género en todas sus modalidades y tipificaciones –hasta llegar al extremo del femicidio– es necesario nombrar, con todo el imperio de su significado, la vigencia de la institución patriarcal, regando con su poder naturalizado e invisible al cuerpo de las normas jurídicas,a los contenidos de la educación que fijan tempranamente estereotipos de género, a los dogmas de las jerarquías eclesiásticas modelando creencias binarias en la subjetividad, a los medios de comunicación hegemónicos al servicio del consumismo y a la organización familiar con su reparto de tareas fiel a la división sexual del trabajo. Por obra del patriarcado, a las mujeres se las socializa en sujetas de lo privado como su principal destino y al varón en artífice de lo público dominando todas las esferas de la sociedad. Los movimientos de mujeres, sociales y políticos han tenido y tienen un papel transformador en la dinámica de concientización y movilización por la conquista y profundización de los derechos de las mujeres. Su caudal insondable y permanente atraviesa las luchas populares: desde la emblemática Olimpia de Gouges guillotinada por su Declaración Universal de los Derechos de las Mujeres durante la Revolución francesa, a la lucha de las feministas y feministas políticas organizadas hoy por las demandas de género. La hegemonía del patriarcado reside en la profundidad del inconsciente colectivo; la lucha por los cambios culturales es una larga tarea que a su vez implica necesariamente lo político y también lo excede. El patriarcado se retroalimenta con el capitalismo, legitima la voracidad imperialista y coloca a la mujer en sostenedora principal de la familia en las situaciones de crisis económica o de enfrentamientos bélicos. Figura jurídica del “avenimiento” Superviviente consuetudinario desde la Antigüedad, el patriarcado es una institución social de goce pleno, que transmite y retransmite a lo largo de las distintas etapas históricas las arcaicas nociones del derecho de propiedad masculina sobre las mujeres, derecho prácticamente intocado, si bien agiornado en galerías de íconos femeninos independientes, aunque dueñas de ceros kilómetros y cuerpos cimbreantes en cirugías espectaculares. Con el femicidio de Carla Figueroa surge a la luz la impronta machista de las leyes aún vigentes y la falencia inexcusable en la formación de algunos jueces que adhieren en profundidad a las normativas patriarcales. Desde el Protocolo de la CEDAW (1989) y la Convención de Belem do Pará 1994, hasta la reciente sanción de la Ley Nº 26485, Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, existen una cantidad de tratados internaciones sobre el tema de los derechos de las mujeres a los que nuestro país adhirió; un juez en funciones está obligado a conocer esta normativa y velar porque se cumpla. Caso contrario están los mecanismos procesales previstos para enjuiciar y separar a los magistrados en falta. El ministro de, Eugenio Zaffaroni calificó de pieza arqueológica a la figura del “avenimiento”, una calificación contundente pronunciada por quien ocupa hoy en día un lugar y un pensamiento de avanzada en la Corte Suprema de Justicia. La perspectiva de género nos permite caracterizar la figura de “avenimiento”, como un atajo jurídico en el que se ampara el sector del aparato judicial corporativo y patriarcal –machista–, plenamente legal aunque ilegítimo, que permitió a un hombre violador casarse con la mujer que violó para obtener su libertad; libre de culpas, blindado en la legalidad del matrimonio, asesinó a su mujer. Carla Figueroa tuvo condiciones de libertad, para decidir el perdón a su violador, dijeron los jueces que actuaron en el caso. La madre de Carla Figueroa fue asesinada por su padre. Carla Figueroa cautiva de un ciclo de violencia que empezó a sus 8 meses de vida, ¿contaba con las condiciones psíquicas, emocionales, familiares y/o ambientales para decidir con “libertad”? “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, fue la divisa de la Revolución burguesa de 1789, fundadora de la noción de ciudadanía occidental. Fraternidad viene de frater, hermandad entre varones, patrimonio de “buen@s”, “mal@s” y “entenad@s” porque la relación de poder asimétrica entre los géneros es cosa de varones y de mujeres. Nuria Pérez Jacky Diciembre de 2011 |