El matrimonio entre personas del mismo sexo ha quedado consagrado por ley. El corto trámite de la aprobación por el Poder Ejecutivo la pondrá en vigor. La sesión del Senado de la Nación que discutió y aprobó el proyecto de Diputados respondió a las expectativas que despertó la ley; el desenlace positivo -pese a opiniones, actitudes, pronósticos y voces contrarias-, a la movilización de los grupos de LGBL y de diversas organizaciones y fuerzas sociales y políticas. La opinión pública, que existe, logró llegar al recinto y allí a las decisiones de mujeres y varones, ante una toma de posición que exigía votar ”a conciencia”. El tema cobró su verdadera dimensión humana. Esto no opaca el voto de quienes, pese a ello, a las contradicciones que expresaron, votaron en contra. Así, la senadora Blanca Osuna (Entre Ríos) votó positivamente: “desde la convicción de que si hay una forma hermosa, comprometida y sincera de responder a los principios de nuestra fe, es justamente dar la mano a los humillados…¿Y quienes más humillados que quienes han sido calificados como desviados, enfermos, incorrectos? Rodofo Rodríguez Saa (San Luis) trató el tema desde otro ángulo: el sentido de las palabras. Se remontó a la época del matrimonio civil, donde su bisabuelo debió discutir “explicar y defender que hablar de matrimonio no significaba referirse al sacramento…sino al contrato…”. Un reconocimiento de los años que han corrido desde entonces (1888, cuando su bisabuelo fue miembro informante de la Ley de matrimonio civil). El senador Rodríguez Saa votó en contra de la ley. Sus palabras denuncian, sin embargo, lo arcaico de algunas opiniones. El matrimonio civil para todas y todos es ponerlas/los en igualdad de condiciones con las parejas heterosexuales, a la adopción, a los beneficios jubilatorios, a la herencia si hay patrimonio. Terminar con una discriminación es un paso hacia la vigencia de los derechos humanos, que promoverá nuevos avances. Se ha desacralizado el matrimonio, que ya es civil. Se crearán nuevas familias de un mismo sexo, que podrán tener hijos. Se habrá abolido simbólicamente la división del trabajo, resquebrajada pero todavía vigente, que deja en manos de las mujeres el funcionamiento de esa unidad económica, la familia, que a su cargo tienen las mujeres: la larga lista de tareas concretas que hacen a la renovación de la fuerza de trabajo, la mano de obra que en el sistema capitalista venden ambos sexos y su progenie para subsistir. Una sobrecarga tanto más pesada cuando más modesta es la familia. Se ha abolido una diferencia. Es el derecho a la igualdad enriquecido. Se han ensanchado los caminos hacia una sociedad más justa, OJO!! Una reciente comprobación señala que América latina es el continente más inequitativo del planeta en la distribución de la riqueza.
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